LXVII Millas Romanas de Mérida: barro, lluvia y superación

El viernes 20 de marzo me trasladé a Mérida para participar en las Millas Romanas, en la categoría de 100 km (67 millas) y 2000 metros positivos de desnivel, en la modalidad de marcha nórdica. La prueba comienza a las 23:00 horas y disponemos de 24 horas para completarla. Cuenta con un total de 13 avituallamientos a lo largo del recorrido.

La salida tiene lugar en el Acueducto de los Milagros y, apenas 20 minutos antes de comenzar, empezó a llover con intensidad , las previsiones de lluvia ya habían anunciado que no nos esperaba una carrera facil . Esto nos obliga a ponernos el poncho de inicio y asumimos que la lluvia nos acompañaría durante buena parte de la carrera.

Nada más empezar, afrontamos 13,2 km hasta el primer avituallamiento. Fue un tramo especialmente duro debido al barro acumulado por las lluvias, tanto de ese momento como de días anteriores. El terreno parecía una pista de hielo: resbalones constantes, pies que se quedaban clavados y continuas caídas. Avanzábamos en fila india, ya que era prácticamente imposible adelantar. El esfuerzo se multiplicaba y el desgaste físico era evidente. Pudimos ver como varios participantes eran atendidos por los servicios médicos debido a caídas.

Llegamos al avituallamiento de Valverde, donde ya se retiraba bastante gente debido a la dureza del terreno y de las caidas antes mencionadas. Había agua, café, isotónicos, leche, galletas de coco, plátanos, barritas y tortilla. Paramos lo justo para no enfriarnos y continuamos nuestra marcha.

El siguiente tramo, de 6,2 km hasta San Pedro, lo realizamos bajo una continua lluvia, aunque al menos el terreno esta un poco mas limpio de barro. Al llegar a San Pedro encontramos agua, caldo, isotónico, fruta y pizza. Aprovechamos para hacer el primer cambio de calcetines, fundamental para evitar problemas en los pies. Siguiendo los consejos de Martin , en esta carrera llevaba tres pares de repuesto en la mochila.

Continuamos hasta Campomanes (5 km), atravesando un bonito pinar que la oscuridad de la noche no nos dejo disfrutar como merecía. Aparecieron las primeras subidas más exigentes y llegamos a Cuatro Caños, donde había un avituallamiento con bebidas y alimentos básicos.

Desde allí, avanzamos 7 km hasta Valdelasyeguas, en un tramo más favorable. Sin embargo, la niebla intensa me provocó cierta sensación de agobio, reduciendo la visibilidad a lo que iluminaba el frontal. Tras disiparse, noto que las horas han hecho mella en mi y empiezo a tener esa sensación de sueño que te consume la energia,aprovecho para tomar una gominola de cafeína que me ayude a despejarme un poco

A partir de este punto bajamos el ritmo debido al dolor de cadera de mi compañero de carrera Hector . Al llegar al siguiente avituallamiento, ya con los primeros rayos de luz acompañándonos decido que es buen momento para cambiarme los calcetines que vuelven a estar empapados.

En este punto (km 39,2), mi compañero decidió abandonar. Para mí fue un momento complicado, ya que siempre hago este tipo de pruebas acompañada. Continuar sola suponía un reto importante, con mezcla de motivación y cierto miedo, pero decidí seguir adelante. Hablo con mi familia y me animan a que disfrute de mi momento. Es cierto que me encuentro bien y creo que puedo alcanzar el reto.

Ya en solitario por primera vez en una carrera noto esa sensación que a veces me comenta Martin de la tranquilidad de correr y disfrutar de uno mismo. Así que con el animo en alza decido que voy a disfrutar de mi y de mi soledad.

El siguiente tramo, de 12 km hasta el Seminario Pax, incluía una subida exigente , las subidas son mi talón de Aquiles y aunque por momentos pienso en todos los males del mundo , me focalizo en mi objetivo por fin llego al avituallamiento completo y bastante gente esperando ser recogida.

Después, recorrimos 7,5 km hasta Alcuéscar, donde estaba la bolsa de vida. Este fue, sin duda, el tramo más duro para mí, con subidas muy pronunciadas que me obligaron a parar varias veces. Llegué completamente empapada y aproveché para hacer un cambio completo de ropa, comer algo y continuar.

Desde allí hasta Cruz de San Juan (7,5 km), seguimos con ascensos exigentes, aunque ya eran los últimos grandes desniveles de la prueba. En algunos descensos pude trotar ligeramente.

Continué avanzando, alternando tramos de bajada y llano, con barro constante. Empezaron las molestias en la planta de los pies, obligándome a parar varias veces para colocar apósitos.

Pasé por los avituallamientos de Peregrinos y Aljucén (km 82), donde ya notaba el estómago tocado. Aun así, seguí adelante, reencontrándome con algunos participantes y manteniendo la motivación.

En los últimos tramos, con lluvia intermitente y ya de noche, formamos un pequeño grupo que avanzaba junto. El cansancio era enorme, pero el objetivo estaba cerca.

Finalmente, tras los últimos 5 km —que se hicieron eternos—, entramos en Mérida. Escuchar al speaker fue una emoción indescriptible. Crucé la meta con dolor y agotamiento, pero con una enorme satisfacción: había conseguido terminar la prueba, y además sola desde el km 39.

Al cruzar la meta, recogí el “milenario”, símbolo de haber finalizado la carrera.

Conclusión: una carrera para probarlo todo

Las Millas Romanas de Mérida han sido una prueba extremadamente completa:

  • 🌧️ Climatología adversa (lluvia, niebla, viento)
  • 🟤 Terreno muy técnico por el barro
  • 🧠 Alta exigencia mental
  • 🦶 Test real de material y gestión de pies

A nivel personal, supuso además un reto importante al completar gran parte del recorrido en solitario.

¿Qué me llevo de esta experiencia?

  • La importancia de un buen material, pero sobre todo de saber usarlo
  • La gestión de los pies como factor determinante
  • La alimentación como soporte clave en largas distancias
  • Y, sobre todo, que en ultras… la cabeza manda más que las piernas

Una experiencia exigente, pero inolvidable.